Cambio de paradigma en las estrategias de internacionalización

Según el Icex, las empresas españolas han dado buena muestra de su vocación internacional durante el pasado ejercicio, compitiendo en igualdad de condiciones con otras compañías tradicionalmente más activas en los mercados internacionales. Dice la entidad pública empresarial adscrita al Ministerio de Industria, Comercio y Turismo que la apuesta de España por el modelo productivo basado en la exportación mejora la competitividad, el crecimiento y la creación de empleo en nuestro país. Luego veremos por qué.

Las mismas fuentes, dicen que las empresas españolas firmaron una factura de 277.000M€ provenientes de las operaciones de exportación, un máximo histórico que representa un crecimiento del 8,9% respecto al ejercicio anterior. Más de 160.000 empresas “colocaron” sus productos en mercados internacionales.

La buena salud exportadora del tejido empresarial español ha permitido, además, mejorar la balanza de pagos. Así lo avalan los datos publicados por el Banco de España. En su informe se asegura también que las exportaciones de las empresas españolas crecieron por encima de las cifras registradas por el comercio mundial, algo que ha permitido a las organizaciones nacionales mejorar su cuota de participación en el escenario internacional.

Dicho esto, cabe preguntarse entonces: ¿qué ha impulsado a las empresas españolas a “salir a vender fuera”? ¿qué mercados son los más “cotizados” por las compañías nacionales para internacionalizarse? o ¿qué propuestas de valor presentan las españolas frente a competidores más “convencionales”?

Crecimiento y expansión, más que supervivencia

Está claro que la exportación no es el único modelo de expansión para aquellas organizaciones que quieran expandirse más allá de sus fronteras nacionales. De hecho, exportar es solo una de las muchas alternativas que ofrece el entorno globalizado e hiperconectado en el que hoy se desenvuelven empresas e individuos. Es, desde luego, la fórmula más flexible y con un patrón estructural más claro. Sin embargo, existen otras opciones como la intermediación -vía Licencias, contratos de producción, franquicias o joint ventures- o modelos más rígidos en forma de fusiones o adquisiciones de empresas ubicadas en el país de destino.

Sea como fuere, lo cierto es que las empresas españolas han encontrado una grandísima oportunidad de crecimiento en la competitividad global que impone el tsunami digital al que se han visto sometidas. La internacionalización ha abierto grandes ventanas de oportunidades para impulsar su expansión, por lo que, lejos ya de ser una huida hacia adelante, motivada por la caída de la demanda interna -especialmente en los momentos más duros de la crisis- se ha convertido en una alternativa para mejorar procesos, añadir valor diferencial a las propuestas, aumentar ganancias o diversificar actividades y riesgos.

Este es el primer cambio de paradigma. Hoy, las empresas españolas no se internacionalizan para sobrevivir, sino para expandirse y despuntar en un entorno que tiende a difuminar las fronteras geográficas. Internet o, mejor dicho, el comercio electrónico ha ayudado también a globalizar las actividades comerciales. De hecho, marketplaces como Alibaba, Rakuten, Amazon o Flipkart se reparten los mercados digitales de las ventas online, de Oriente a Occidente. Mercados que, dicho sea de paso, desconocen fronteras y obstáculos territoriales.

Innovación e ideas, más que patrimonio o estructura

Al analizar los mercados en busca de los mejores destinos para internacionalizarse, las empresas españolas más valientes -las que apuntan a objetivos más allá del socorrido entorno latinoamericano- se han encontrado con que países como Inglaterra, Holanda, Escandinavia o, incluso, Alemania empiezan a apostar por proveedores provenientes de otras áreas diferentes a las convencionales como eran India, los países de Europa del Este, o, incluso Estados Unidos. Estos mercados confían ahora sus proyectos de transformación digital a empresas originarias de otros entornos, mucho más pequeñas -algunas no superan los 50 empleados-, y muchas ni siquiera existían hace apenas cinco años.

Esto quiere decir que las oportunidades se multiplican para aquellas organizaciones que muestran sus fortalezas en términos de innovación, agilidad y valor diferencial de sus propuestas más allá de su estructura o de su facturación.  Este es el segundo cambio de paradigma en el contexto internacional y que, sin duda, ha contribuido a mejorar las oportunidades de éxito de las empresas españolas en el exterior.

Así pues, los grandes proyectos transfronterizos han dejado de estar reservados para las grandes firmas internacionales o con amplísima reputación internacional. Ahora el valor de las organizaciones se mide más en clave de innovación, de ideas y de tecnología que en términos patrimoniales o de facturación. Las empresas especializadas también encuentran una mayor ventaja en la globalización de cara a su internacionalización. Utilizando de nuevo como fuente los datos publicados por el Icex, destaca el crecimiento de las empresas de servicios de telecomunicaciones, informática, uso de la propiedad intelectual y transporte.

Visión a largo plazo, más que resultados rápidos

Internacionalizar una organización no es una aventura carente de riesgos y, por lo tanto, exige la implementación de estrategias certeras que ayuden a neutralizar las incertidumbres del proyecto e impulsen su eficiencia. Conocer el mercado de destino, analizar el valor diferencial de la propuesta que se aporta como nuevo player o definir un plan de acción, siempre con la mirada puesta en el medio-largo plazo, son solo algunas de las medidas que deben llevarse a cabo para aprovechar al máximo el potencial de crecimiento que ofrecen los mercados internacionales.

Llevando a la práctica este enfoque podríamos decir que el mercado latinoamericano sería la “salida fácil” para las empresas españolas. Un mercado que exige menos esfuerzo -por la cercanía cultural y lingüística- que, quizá otros como Asia -una región sin límites- o Estados Unidos con mayor potencial, pero también, más complejos y que requieren invertir mayores unidades de esfuerzo. Europa, a su vez, puede ser la salida intermedia, quizá una plataforma de lanzamiento para abordar estos mercados más “lejanos” culturalmente hablando, pero que podrían arrojar importantes beneficios en el medio y largo plazo.

En el plano institucional, los organismos públicos también entienden la importancia de dar continuidad y proyección de largo recorrido a las políticas de apoyo a la internacionalización, entendiendo que la contribución positiva del sector exterior al crecimiento económico debe ser estructural. De hecho, el análisis de los resultados del primer Plan Estratégico de Internacionalización de la Economía Española 2014-2015, ya puso de manifiesto la necesidad de contar con un marco estratégico que permitiera una planificación a más largo plazo. La Secretaría de Estado para el Comercio apuntaba entonces la necesidad de establecer una estrategia en materia de internacionalización que fuera política de Estado.

Este primer plan fue el germen de la actual Estrategia de Internacionalización de la Economía Española 2017-27 en el que se identifican diferentes áreas de actuación sobre las que centrar los esfuerzos del sector público en apoyo a la internacionalización de las empresas españolas cada vez más adaptados a sus perfiles y necesidades. Habla de incorporar la innovación, la tecnología, la marca y la digitalización; de desarrollar el capital humano; de aprovechar mejor las oportunidades derivadas de la política comercial común y de las instituciones financieras y organismos multilaterales; de potenciar la captación y consolidación de la inversión extranjera; y de reforzar la coordinación y la complementariedad de las acciones de todos los actores relevantes.

En todo caso, y, a falta de los resultados finales de la evaluación de estas estas estrategias, cabe señalar que el Índice de Solidez de Internacionalización de la economía española mejoró en 2017 en un 2,97%, según el informe elaborado por Amec. A este crecimiento -según se desprende del estudio- han contribuido tanto la buena evolución de las exportaciones como el establecimiento de filiales en el exterior, la buena evolución de las empresas implantadas en mercados internacionales y el indicador de base exportadora.

En definitiva, decía al principio que, un modelo productivo basado en la exportación -y, añado ahora, en la internacionalización- mejora la competitividad, el crecimiento y la creación de empleo en nuestro país. Y estoy convencido de ello porque para aprovechar las oportunidades de mejora que ofrece el entorno globalizado las organizaciones deben optimizar aspectos clave como la producción, la logística o la gestión; deben invertir, seleccionar y fidelizar talento y, en general, implementar cambios estratégicos y operacionales en todos los ámbitos de la compañía, desde marketing, a ventas, pasando por producción, distribución o finanzas y todo esto, en sí mismo, ya implica una mejora sustancial de la propia organización.

Comunicación  VASS

Compartir