El impacto del COVID-19 en Colombia

Me piden mis compañeros de la sede central en Madrid que les cuente a todos ustedes cómo estamos viviendo en la sede de VASS Colombia la triste pandemia del COVID-19. He tratado, en estas líneas, de trasladarles nuestra situación, tanto a nivel humano como económico. Una situación complicada también por la preocupación adicional sobre lo que estaba ocurriendo en paralelo en España, donde quien más, quien menos, tiene familiares, amigos o conocidos viviendo.

El impacto del COVID-19 en Latinoamérica está siendo muy fuerte al igual que en el resto del mundo y, desafortunadamente, la previsión es que aún nos queda un tiempo, sin poder precisar cuál largo sea en todos los aspectos (personal, social, económico). No habíamos vivido semejante pandemia, con tan alto impacto para la humanidad en las pasadas décadas recientes… soy del 71.

Si nos volteamos hacia la Región de Latinoamérica, y en concreto hacemos zoom a Colombia, donde resido desde hace más de 10 años con mi familia, la situación es terrible. Sin ánimo de ser dramático, ni agigantar la magnitud de la tragedia.

 

Para apuntar lo anterior, quiero traer algunas reflexiones y análisis, muy en lo personal y sin ánimo de llenar de números y estadísticas este post, para eso está la Red y los Organismos Oficiales de cada país.

 

Colombia, es un país con una gran desigualdad. De hecho, en el último informe del Foro Económico Mundial (FEM) donde se evaluaron a 82 países bajo 5 pilares en términos de desigualdad (salud, educación, acceso a la tecnología, condiciones de trabajo y protección social), Colombia ocupó la posición 65. Quedando muy penalizada por la escasa movilidad social, debido a la baja equidad del sistema educativo, es decir, es muy difícil que se pueda cambiar de estrato aunque poseas unos buenos estudios que te permitan prosperar)

 

Lo anterior no es menos destacable, vivimos en un país estratificado. Vives en estrato 1 …. hasta estrato 6. Eso nos puede dar una idea de lo clasista que es la sociedad. Pagas los servicios públicos, el mercado y la vida en general en base al estrato en el que vivas. Los estratos más altos, subsidian con el pago de sus servicios públicos (agua, gas y luz) a los estratos más desfavorecidos. Lo que no deja de ser una buena idea para tratar de apoyar de manera algo más justa el desarrollo de la ciudad con sus habitantes.

Volviendo entonces al impacto del COVID-19 en Colombia, a 4 de junio de 2020, tenemos reportados 35.120 casos confirmados de contagio, de los que 12.921 casos ya se han recuperado, y reportados 1.87 fallecimientos. Teniendo en cuenta que tenemos una población, según el último censo del DANE, estimada de 48.258.494 habitantes, podríamos indicar que el impacto en términos de contagios es muy bajo. No obstante, hasta la fecha, el número de contagiados sigue creciendo y aún no vemos cuándo podamos llegar a doblar la curva, como ya ha sucedido en varios países, como Italia o España que han tenido un altísimo impacto de contagiados y, por tanto, de fallecimientos.

 

Se abren muchas dudas, como en cualquier país del mundo está sucediendo, en términos del conteo de casos y sobre todo y principalmente, en términos de la capacidad para hacer pruebas a la población y por tanto que el conteo esté ajustado a realidad.

Si adicional a lo ya comentado, relativo a la desigualdad, traemos otro dato que bajo mi opinión es clave y demoledor para entender la afectación del virus a Colombia, es el volumen del empleo no formal (o informal). De algo más de 22 millones de colombianos ocupados laboralmente, según reporta la DIAN en informe de 2018, solo unos 8,4 millones ocupan trabajos denominados formales (cotizan a seguridad social, régimen de cesantías y pensión).

Entonces, con los elementos comentados tenemos un caldo de cultivo para que esta situación se alimente y expanda de manera devastadora. Esta pandemia que nos confinó desde el día viernes 13 de marzo, bajo un simulacro y que continúa con la actual medida de emergencia sanitaria hasta la fecha. Evidentemente ha paralizado la economía como al resto de países del mundo que han sido afectados. El impacto de dicho freno económico nos ha pegado muy duro y sobre todo a la población más vulnerable, la de los estratos más bajos y la de la economía informal que han visto reducidos sus ingresos a 0 pesos y han tenido que ser atendidos, en la medida de los posible, por los diferentes entes gubernamentales, presidencia, gobernaciones y alcaldías, cada uno en base a su responsabilidad y capacidades de endeudamiento, ya que esto era imposible tenerlo previsto.

Desde mi punto de vista, la reacción del Gobierno de Colombia fue muy rápida y acertada, era lo que tocaba hacer en ese momento y teníamos ya situaciones en Europa muy graves en las que fijarnos. Las empresas del sector tecnológico nos pudimos adaptar rápidamente a esta nueva situación gracias a la tecnología y al teletrabajo, eso sí, muchas de ellas sin aprendizaje previo (sin anestesia) y para el resto de los sectores productivos, ha ido por barrios (sectores).

Aquellos que ya estaban trabajando en transformarse digitalmente, concepto demasiado manido y que hoy día ya ha alcanzado la merecida trascendencia, porque básicamente es prepararse para cambios abruptos como los que estamos sufriendo y adaptar los procesos de negocios a hacerlos digitales y cada vez más separado de lo físico, como el sector financiero, aseguradoras, operadoras de telecomunicaciones, …. se han podido adaptar de manera más o menos ágil, en algunos de sus procesos como el de oficinas centrales, teniendo que cerrar o restringir la actividad en oficinas bancarias, aseguradoras, comerciales, etc. Esto ha significado un impacto importante pero no tan drástico como lo ha sido para otros sectores dependientes del trabajo físico (comercios, restaurantes, grandes superficies, hotelero, aviación, turismo en general) para los que el impacto ha sido dramático, con centenares de miles de despidos de trabajadores y negocios que han tenido que echar el cierre.

En positivo, he comprobado que el sector de la hostelería (comercios y restaurantes) ha reaccionado rápidamente y se han adaptado a ofrecer sus productos (mercados, menús, bebidas…,) a domicilio y se han multiplicado por no sé qué número los Rappi, UberEats, Domicilios.com, que te llevan absolutamente cualquier producto a domicilio. El sector textil reaccionó también rápido, ante la imposibilidad de conseguir los materiales EPI (Equipos de Protección Individual) fuera del país y se transformaron para producirlos y ofrecerlos o venderlos al resto de la población. Y definitivamente, en Colombia siempre hemos sido muy respetuosos con la salud y con no contagiar al vecino de una gripe y es totalmente habitual llevar un tapabocas cuando estás resfriado y estornudar en el brazo, esa cultura nos ha ayudado a adaptarnos a esta situación y desde los primeros días, en el mes de marzo, íbamos con tapabocas en los sitios públicos y se habían desplegado todo tipo de geles desinfectantes… En España, por ejemplo, a partir del 4 de mayo el Gobierno ha determinado el uso obligatorio de las mascarillas … ahí se los dejo.

Este frenazo a la economía afecta más, mucho o muchísimo más al país en función a la capacidad de resistir y a la fortaleza que tengan en sus arcas públicas. Y desafortunadamente, Colombia no dispone de la capacidad de soportar semejante impacto. Esta semana el Gobierno indicaba que más de 1,4 millones de familias y más de 158.000 jóvenes, recibían del Programa Familias en Acción, la segunda entrega de ayudas sociales del Gobierno (giros de plata, entrega de mercados, entre otros…)

En relación al aspecto económico y más concretamente en el terreno de nuestra empresa,  VASS ha podido afrontar esta crisis gracias a que nuestro modelo de negocio estaba adaptado al modelo online. Hemos continuado ofreciendo un servicio continuo y de calidad a nuestros clientes sin grandes incidencias.  Vemos un atisbo de esperanza y una gran oportunidad porque esta pandemia nos ha enseñado y nos ha obligado a vivir de otro modo, más en online que en off line y prevemos que muchas empresas de diferentes sectores de actividad, que todavía no habían dado el paso hacia la transformación digital de la que hablaba antes, están viendo que el momento de dar ese salto ha llegado. El nuevo consumidor 360, marcado por la necesidad de consumo a distancia ha demandado productos y servicios que hasta hace unos meses se compraban presencialmente y las empresas han sido conscientes de que los servicios online han permitido dar continuidad a algunos negocios, a los que ya estaban preparados para hacerlo. Los restantes tendrán que adaptarse con rapidez a este nuevo paradigma.

Desde Colombia y mirando al resto del mundo, solo deseamos una pronta recuperación de todos los afectados y damos todo nuestro apoyo a sus familiares. Hemos leído en la prensa que se ha vuelto al fenómeno de las banderas rojas colgadas en los tejados y ventanas de las casas para pedir socorro, por la multitud de familias que están pasando hambre y no tienen ningún medio. Esas familias esperan el apoyo de la caridad. Confiamos y esperamos (y rezamos los creyentes) que lo antes posible podamos volver a la normalidad, aunque no sea la de antes, y que lo hagamos de manera juiciosa, con cabeza y cuidando mucho y cumpliendo las medidas de higiene, distanciamiento social necesario que facilite que no haya rebrotes y que no tengamos que volver a otra emergencia sanitaria. Hasta que nos llegue la ansiada vacuna.

Miguel Ariza

Country Manager Colombia

VASS

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