Las renovables, unas energías que ofrecen mucho más, de lo que piden

Energía eólica, solar, fotovoltaica, hidráulica, geotérmica, mareomotriz, … podríamos seguir todavía un buen rato mencionando tipos de energía limpias. Energías que no producen efectos invernadero ni contribuyen al calentamiento global del planeta. Energías cuyos costes se mantienen de manera sostenible, justo lo contrario de lo que sucede con las energías de combustibles fósiles.

Podríamos mencionar las muchas ventajas que aporta a la sociedad, a la economía mundial incluso, la generación y consumo de estas energías verdes reducción de la dependencia energética, fuente de producción inagotable. Son seguras, no contaminantes y no suponen riesgo para la salud; son fáciles de desmantelar y no exigen la custodia de residuos durante años-. Según la Agencia Internacional de Energías Renovables -IRENA- duplicar la cuota de este tipo de energías en el mix mundial hasta el 36% en 2030 supondría, además, un crecimiento económico adicional, la mejora del bienestar y el aumento del empleo.

Sin embargo, la realidad que dibujan los datos que manejamos presenta un escenario con amplísimos márgenes de mejora. Según Eurostat, la cuota media de energías renovables en el mix energético en Europa es, hoy por hoy, del 16,7%. En España del 16,2%. Por lo tanto, la conclusión primera que podemos extraer es que, implementar un mapa de energías limpias a nivel mundial es necesario y, además posible, pero que implica la superación de grandes retos, más allá de la aprobación de un marco regulatorio favorable, algo de por sí, imprescindible.

En España, tras el freno a las renovables de 2013, el año pasado se aprobó el Real Decreto Ley 15/2018 de medidas urgentes para la transición energética y la protección de los derechos de los consumidores. Más recientemente, se ha presentado un paquete de medidas que incluye un Anteproyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética, la Estrategia de Transición Justa y el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030 con el que se pretende garantizar la seguridad energética, el desarrollo tecnológico y la justicia social. Y, en general, impulsar de nuevo a las renovables para cumplir con los compromisos internacionales en materia de cambio climático y, aprovechar, al tiempo, las múltiples oportunidades de negocio que representan estas energías verdes, particularmente en un país de sol y viento como el nuestro.

El gran reto de las renovables: apagar y encender al gusto

Sus condiciones climatológicas hacen de España un verdadero paraíso para el impulso de estos proyectos “verdes” pero, naturalmente es necesario, por un lado, que el marco regulatorio acompañe y, por otro, garantizar la sostenibilidad de todo el sistema. Y me explico:

Actualmente, a nivel mundial, todavía nos encontramos con un porcentaje enorme de población sin acceso a energía eléctrica y que sigue utilizando para uso doméstico energía de biomasa, con el consiguiente riesgo que ello implica para la salud. Esto, sumado al crecimiento continuo de la población mundial, hace que en los próximos 15 años se prevea un incremento de la demanda mundial de energía del 60%. Una demanda que solo se podrá atender de manera sostenible, apostando por las energías renovables.

Ahora bien, como decía al principio, esta apuesta implica asumir grandes retos. Para mí, el principal: la gestión óptima de la capacidad de generación. Con las energías renovables no podemos apagar y encender en función de la demanda. Eso implica la necesidad de disponer de capacidad de almacenamiento suficiente a lo largo de la cadena de distribución para cubrir ese gap que se produce entre la generación de la energía y su demanda.

Desde mi punto de vista, ese es el principal reto del sector, por encima incluso de la tecnología aplicada a estos sistemas de generación, que, dicho sea de paso, son cada vez más eficientes, más baratos y, más sostenibles. Sin embargo, insisto en que, aunque la tecnología siga avanzando -que lo hará- y sigamos creciendo en la capacidad de generación -que lo haremos también- la clave será poder unir oferta y demanda.

Cadenas de distribución inteligentes

La manera en la que fluye la energía y los problemas asociados a su almacenamiento complican el funcionamiento del sistema. Por lo que, dotar de inteligencia a la cadena de distribución de la energía es uno de los objetivos donde se debe poner el foco. El concepto Smart Grid sale así, de los ámbitos teóricos, para instalarse de pleno en proyectos que buscan la producción de energía libre de CO2 para luchar contra el cambio climático; la optimización de las infraestructuras de distribución de la energía para gestionar la red de una manera más racional; o el conocimiento de las necesidades del usuario final -ya sea doméstico o industrial-.

Las Smart Grids apuestan por integrar de manera inteligente, el comportamiento y las acciones de todos los actores implicados en la cadena de valor, y proporcionar así, un suministro y, por ende, un consumo seguro, rentable y sostenible. Por el camino, habrá que trabajar en la medición inteligente, en la gestión de la información, en la gestión activa de la energía y, en la integración de nuevas demandas, como la del coche eléctrico, uno de los pasos más importantes en la descarbonización del planeta.

Respecto a la electromovilidad, hago un paréntesis.  Bloomberg New Energy Finance en su Perspectiva del Vehículo Eléctrico 2018 dice que para 2040 el 55% del mercado mundial estará copado por vehículos eléctricos, principalmente por la reducción del precio de las baterías que ya ha experimentado una caída del 79% entre 2010 y 2017. La Agencia Internacional de la Energía cifra en 220 M el parque móvil de vehículos eléctricos en 2030 y en 1.000 M en 2040.  Habrá que ver si se cumplen o no las predicciones, pero, en cualquier caso, el vehículo eléctrico es un proyecto de largo recorrido.

El cliente, el dato y la eficiencia

El pastel de las energías renovables es un dulce que se reparte entre muchos comensales. Quiero decir con esto, que el amplísimo horizonte que se dibuja proporciona oportunidades a todos los niveles: desde el momento de la generación energética hasta la utilización por parte del consumidor, pasando por la trasformación, transporte, almacenamiento, distribución, o suministro.

Pero, en plena era digital, hay otros muchos aspectos que me parecen relevantes mencionar como son el cliente, el dato y la eficiencia. Respecto al primero, sobra decir que, como en el resto de las industrias, resulta estratégico conocer sus hábitos, sus necesidades y sus tendencias de consumo. De hecho, cuanto mejor se conozcan esas necesidades y la evolución que se espera de ellas en el tiempo, más fácil será proporcionar las herramientas adecuadas para disponer de la capacidad de suministro precisa.

A partir de ese conocimiento del cliente, podremos ayudar a las compañías que trabajan a lo largo de la cadena de valor a definir nuevos modelos de relación con el cliente y a generar nuevas oportunidades de negocio. También será necesario mejorar la gestión interna de las compañías buscando mayor agilidad para que sean capaces de aprovechar dichas oportunidades de negocio.

Por otro lado, el dato deberá estar en el centro de cualquier estrategia. Para conseguir compañías dirigidas por el dato, algo que tiene que ver con la cultura y con la propia organización, habrá que apoyarse en las arquitecturas digitales adecuadas que permitan dar soporte a ese modelo e implementar un gobierno del dato adecuado, además de buscar nuevos modelos de soluciones de IT. Es decir, previsión de la demanda, previsión de la capacidad de generación y aprovechamiento óptimo de los activos que forman parte de toda la cadena de valor.

Pero, para aprovechar el verdadero potencial que ofrecen los datos, hay que ordenar y organizar toda la información que contienen. Recuerda que, conforme aumenta la cantidad de datos disminuye la capacidad de interactuar con ellos, por lo que se precisa de soluciones que ayuden a su gobierno y homogeneización. Se abre aquí un amplio abanico de posibilidades para la implementación de soluciones de Fast Data que proporcionan esa capacidad necesaria para facilitar respuestas en tiempo real.

Cuando hablamos de energías renovables, el dato en tiempo real es imprescindible, como decía al principio, para prever la oferta y la demanda y poner en común ambas, por ejemplo, cuando el punto de generación y el de consumo están a miles de kilómetros de distancia.

En todo caso, el cambio de paradigma va mucho más allá de revertir el cambio climático o frenar el calentamiento global, siendo esto ya, extremadamente relevante. Sin duda, hay muchos proyectos relacionados con el desarrollo de energías renovables que tienen que ver con infraestructuras inteligentes, nuevos medios de transporte, eficiencia energética, sostenibilidad medioambiental, ciudades inteligentes, servicios a mayores, etc.

En definitiva, encontramos muchas palancas para la evolución además de la propia generación de energía. Las organizaciones harán bien en dejarse acompañar por expertos que les ayuden en esta transición hacia un modelo energético basado en tecnologías renovables.

Ángel Jesús López Ibañez
Sales Director at VASS

 

 

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