Internet de las Cosas, más allá de las “Ciudades Inteligentes”

La época de evangelizar sobre el Internet de las Cosas ha pasado ya. Sabemos en qué consiste y conocemos las predicciones sobre dónde puede llegar. Ahora, según analistas como Gartner, nos entramos en una fase mucho más pragmática, en la que cada negocio debe incorporar las posibilidades que ofrece IoT a su propia realidad.

La práctica de IoT no es algo nuevo. En sectores como el industrial o el de las utilities, hace años que se encontraron aplicaciones concretas. También en la Administración Pública, a través de las muy comentadas Ciudades Inteligentes o Smart Cities. Pero, a pesar de ello, aún seguimos hablando demasiado de IoT como concepto general y no tanto, como una oportunidad real de transformación del negocio.

Los beneficios de IoT para las organizaciones son numerosos. Ofrece la capacidad de crear nuevos modelos de negocio y múltiples posibilidades de monetizar la ingente cantidad de datos que generan los dispositivos y sensores conectados. Proporciona también la oportunidad de mejorar la eficiencia operativa, a través de la automatización de procesos y la optimización de las cadenas de suministro. Y ayuda a mejorar la experiencia del cliente y a hacer realidad la relación personalizada con el mismo.

El reto en estos momentos está en dar un paso hacia delante y dejar de contemplar esta tendencia como un concepto de marketing en manos de unos cuantos gurús para normalizar su implementación en todos los sectores y en todos los ámbitos. Para ello, es necesario abordarla desde el prisma de la evolución del negocio de una forma práctica, generando casos de uso concretos que supongan una verdadera transformación en las operaciones de la compañía, en su aproximación al mercado y en su relación con los clientes. Es decir, debemos hablar menos de IoT y más de servicios que resuelven problemas.

Cómo abordar una estrategia de IoT

El primer paso para emprender una estrategia de IoT exitosa es definir los objetivos con claridad. Cada organización debe abordar su aproximación al uso práctico del Internet de las Cosas de una forma personalizada. En unos casos, esta estrategia se centrará en la mejora de los procesos ya existentes. En otros, supondrá la generación de nuevos servicios y fuentes de ingresos. Todas las opciones son igualmente válidas. IoT no significa necesariamente disrupción, por lo que cada compañía deberá sentirse libre para decidir su propio camino.

También hay que tener en cuenta que no todas las empresas disponen de los recursos y los conocimientos suficientes para diseñar y desarrollar su estrategia IoT. Recordemos que hablar del Internet de las Cosas no es solo hablar de dispositivos y aplicaciones móviles para visualizar la información o interactuar con los diferentes terminales que utilizamos en el día a día, sino que hay un potente ecosistema de tecnologías por detrás que dan soporte real a todo el entramado, digamos, teórico.

Además, hay que ser consciente del valor que los servicios de cada compañía pueden aportar al mercado al margen del negocio tradicional. De esta forma, contar con la ayuda de un consultor experto que sea capaz de vincular las posibilidades de las soluciones tecnológicas a las del negocio, a fin de definir nuevos modelos de explotación innovadores, puede ser una buena opción. No hay por qué emprender este viaje en solitario.

En cualquier caso, una de las cuestiones clave a la hora de diseñar una estrategia es tomar conciencia de que el valor del Internet de las Cosas reside en la explotación de los datos. Recoger información es un proceso relativamente sencillo, pero no sirve para mucho si no se es capaz de analizarla correctamente y de ponerla al servicio del negocio, utilizándola para tomar las decisiones correctas en cada momento. IoT es una manera de acelerar la inteligencia del negocio, utilizando fast data, big data, machine learning, inteligencia artificial o cualquier otro mecanismo para extraer y explotar el valor de la información de las cosas que nos rodean. Antes de empezar, hay que concretar cómo se va a interpretar esa información y cómo se va a explotar, pero también cómo se va a almacenar y cómo se va a proteger.

Hay que sentirse seguros

Hablando de protección, el factor seguridad cobra aquí una especial relevancia. En la nueva era digital todo está conectado y, por tanto, cualquier tipo de incidencia puede afectar a la actividad de la organización. La seguridad nunca podrá garantizarse al cien por cien, pero, si se toman las medidas oportunas, la seguridad no debería representar un obstáculo en el camino.

¿Los datos que se generen van a estar alojados en una plataforma propia o en la nube? ¿Van a ser para uso propio o se van a compartir con terceros? ¿Qué normativas legales afectan a esta actividad? ¿Qué nivel de servicio mantenemos con nuestro operador de telecomunicaciones? ¿Va a ser capaz el operador de garantizar la calidad de la conectividad de todos los dispositivos y sensores? Es posible que estas preguntas lleguen a resultar abrumadoras, pero no lo serán tanto si la compañía decide comenzar poco a poco, con proyectos concretos y a pequeña escala, que puedan ir ampliándose a medida que se vayan obteniendo resultados. No es necesario tener prisa ni transformarse de golpe.

Puede que, al pensar en IoT, solo nos venga a la mente el concepto de tecnología, pero debemos ser capaces de romper esa barrera. IoT es mucho más que eso. Es un cambio cultural; es modificar procesos; es la posibilidad de incorporar nuevas líneas de ingresos; es definir qué clase de empresa seremos y cómo nos relacionaremos con el resto del mundo en el nuevo escenario digital. Hay que entender esto y hay que buscar los apoyos necesarios que nos permitan avanzar en los lugares en los que no nos sintamos seguros. Lo importante es no perder la oportunidad.

Casos de uso: algunas iniciativas que sirven de ejemplo

Seguramente, si hiciéramos la prueba de preguntar en la calle a cualquier persona ajena al mundo tecnológico si utiliza de forma habitual alguna solución de IoT, la respuesta sería que NO. Es más, probablemente, el concepto mismo, les sonaría a “chino”. Sin embargo, el Internet de las Cosas está mucho más introducido en nuestras vidas de lo que pensamos. Las Smart Bands, las calderas que puedes conectar desde el móvil o el robot aspiradora que te dice en tiempo real cómo está aspirando tu salón utilizan esta tecnología que hemos introducido en nuestro día a día, sin darnos cuenta.

Más allá de este ejemplo tan básico, encontramos diferentes casos de uso en entornos tan variados y complejos como la agricultura, el transporte o el comercio, en los que el Internet de las Cosas está aportando ya aplicaciones exitosas para el negocio.

Agricultura Inteligente: permite monitorizar el “viaje” íntegro del cultivo, desde la plantación hasta su distribución, la predicción de acciones a realizar, notificaciones y alertas en tiempo real sobre riesgos de la cosecha y el control de los activos. IoT permite, desde medir las condiciones del suelo (humedad, temperatura, nutrientes, …) hasta conocer el origen del cultivo, la utilización de fungicidas durante el transporte, presencia de insectos, vibraciones o fugas.

Control del ganado: facilita la monitorización, geolocalización y detección de hábitos y comportamientos, permite hacer estadísticas, evaluar riesgos, reducir incidentes, optimizar costes, controlar los activos, etc. lo que proporciona una capacidad de reacción en tiempo real muy a tener en cuenta.

Transporte inteligente: impulsa la gestión avanzada del tráfico por tierra, mar y aire, optimizando la gestión de cargas, la configuración de rutas alternativas, la interconexión entre diferentes sistemas de transporte, la gestión de emergencias y la atención de urgencias… Con todo, las empresas consiguen optimizar el consumo de combustible, el espacio de carga, se reduce el tráfico y los tiempos de espera y, en definitiva, se maximiza el rendimiento del transporte.

Estaciones inteligentes: ayuda a conectar personas y dispositivos para una interactuación más efectiva y rentable, reduciendo costes. Por ejemplo, a través del control de presencia y la localización de personas es posible analizar el tráfico de personas que pasan por delante de los distintos establecimientos, controlar los accesos, optimizar la gestión interna del equipaje, gestionar los sistemas de abastecimiento de los autoservicios automáticos, los aparcamientos, medir las condiciones de las instalaciones en tiempo real (hangares, naves de almacenamiento, pistas de aterrizaje y despegue, …)

Espacios personalizables: permite personalizar las experiencias del cliente. Macy´s fue uno de los primeros retailers en aprovechar la tecnología iBeacon. Desde 2014 utiliza un sistema de geo-mapeo a través del Bluetooth del smartphone que proporciona información en tiempo real sobre cómo están interactuando los clientes con la tienda. Basándose en las compras, en el historial de navegación y la ubicación actual, Macy´s impulsa la promoción de productos de otros departamentos. O, lo que es lo mismo, se beneficia de la venta cruzada. Otra de las múltiples ventajas del IoT.

En definitiva, estos son solo algunos pocos ejemplos de lo que ya está haciendo el Internet de las Cosas en el mundo de los negocios, en la vida real. Pero lo que está a punto de llegar es aún más impactante. Es algo que las empresas no se pueden perder. Y nosotros como ciudadanos, y como consumidores, tampoco.

 

Elena Almeida

Business Value Manager VASS

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