La Cuarta Revolución Industrial y el impacto de sus cambios positivos

Esta nueva industria “Smart” en la que todo es inteligente -los robots, los vehículos, los ordenadores, los teléfonos y, hasta los objetos más insignificantes que utilizamos en casa, en la oficina o en la calle- empuja a cambiar el modo en el que los consumidores se acercan a las marcas. ¿O es más bien, al contrario?,¿han sido los consumidores los que han empujado a las organizaciones públicas y privadas a implementar cambios disruptivos para responder a la nueva realidad digital?

Con independencia del orden en el que se está impulsando la transformación digital, lo cierto es que llama mucho la atención la velocidad a la que se están produciendo todos estos cambios. Un proceso de mutación exponencial que pone en jaque a toda la Industria mundial enfocada ya, a proporcionar algo más que productos o servicios al consumidor. Hablamos de experiencias.

Diferentes estudios de mercado aseguran que uno de los principales factores en la decisión de compra es la experiencia que la marca consigue transmitir al consumidor. Y la experiencia tiene que ver con otro tipo de cosas más valiosas que la utilidad de un determinado producto o servicio. Tiene que ver más, con la obtención de aquellos intangibles que aportan mucho más de lo que engloba un determinado precio por un producto. Hablo de cuestiones como el tiempo, la capacidad de decidir, de opinar y hasta de participar en determinados procesos, incluso, los de fabricación.

Nuevos patrones de consumo y nuevas reglas de juego

La entrada en escena de tecnologías como Blockchain, Analítica Predictiva, Inteligencia Artificial, Robótica, Impresión 3D o Internet de las Cosas, o los nuevos interfaces de comunicación de los usuarios, unido a la exigencia de un consumidor acostumbrado a la inmediatez y a la sencillez provocan la definición de nuevos patrones de consumo que darán lugar a un mundo comercial, empresarial, incluso, social, muy diferente al que hoy estamos acostumbrados.

Estos nuevos patrones de consumo tendrán muy en cuenta el mejor aprovechamiento del tiempo de cada uno de nosotros y la eliminación de todo tipo de barreras que pudieran provocar frustración en el entorno de la vida cotidiana. Ya estamos viendo cómo  algunos grandes retailers conocidos por todos han sentado las bases de lo que podría ser la tienda del futuro con la inauguración de sus primeros establecimientos físicos sin cajas en los que el usuario compra los productos sin necesidad de pasar por la línea de caja, sin hacer colas e incluso sin llevarse la compra a casa.

Pero, debido a la velocidad a la que se suceden las cosas, ya casi podríamos decir que, a pesar del concepto hiper-moderno introducido por estos gigantes del retail, la dirección evolutiva apunta aún más alto.

Una de las tendencias actualmente de moda cuando hablamos de Interfaces de comunicación de los consumidores con las marcas o de nuevos canales de venta es comprar con la ayuda de asistentes de voz -Alexa, Siri o Cortana son los más conocidos- a través de cualquier dispositivo, no necesariamente smartphone o tablet. Me refiero a altavoces inalámbricos, automóviles conectados, electrodomésticos, relojes, gafas –Google Glass– y todo tipo de wearables que incluso pueden incorporarse a alguna parte de nuestro cuerpo, generando una interactuación continua entre usuario y dispositivos con la finalidad de generar ese cambio positivo que la innovación lleva implícita en todas sus facetas.

La tecnología desempeña un papel estratégico tanto en la generación de estos nuevos patrones de consumo como en la incorporación de nuevos modelos operativos y modos de satisfacer las expectativas del nuevo consumidor. De hecho, algunos avances innovadores, fundamentados sobre las diferentes tecnologías que mencionaba antes ya permiten, que utilizar Internet para adquirir productos y servicios sea hoy, prácticamente una commodity.

El acceso inmediato y, casi permanente a todo tipo de información que nos proporciona la Red facilita la consulta de precios en tiempo real, saber qué opinan otros consumidores sobre aquello en lo que tú estás interesado, comprar teniendo en cuenta las ofertas existentes, pedir precio a varios proveedores a través de diferentes plataformas, solicitar productos o servicios más personalizados para que se adapten realmente a tus gustos o recibir los pedidos en el momento y lugar en el que tú decidas.

Pero eso es ya el presente. Ahora vayamos un poco más allá. Solo un poco, porque el futuro en el que pensamos empresas y consumidores está mucho más cerca de lo que te imaginas.

El mundo que nos espera

La industria se transforma hacia modelos más competitivos. En todos los sectores del tejido industrial de nuestro país estamos viendo cómo se van difuminando las barreras entre el mundo físico y el mundo digital en beneficio de un entorno más ágil y colaborativo (término que últimamente escuchamos como “Phygital”). Esta fusión entre los dos mundos proporciona algo que es cada vez más valorado por los consumidores como es la libertad para poder elegir dónde, cuándo y cómo quieren adquirir, consumir y pagar sus productos y servicios.

Se trata, para el consumidor, de un paso casi inconsciente en el que comunicación, tecnología y consumo se adaptan suavemente a los nuevos tiempos. ¿Te suena Nikeid? Es la propuesta de Nike para personalizar sus zapatillas fabricadas a gran escala. Esto está muy bien, pero ¿te imaginas utilizar una impresora 3D para poder “fabricar” tus propias zapatillas deportivas en casa?

El mundo que ya se dibuja en el horizonte, incluye también el rediseño de muchos procesos de negocio para que las empresas puedan convertir sus productos en servicios o experiencias. Esto no es un dogma, sino la adaptación lógica del tejido industrial para neutralizar la presión digital a la que están sometidos sus productos y para responder a esos nuevos patrones de consumo de los que hablaba antes. Y te pongo otro ejemplo:

En pocos años utilizaremos el coche como un servicio, a través de una suscripción que nos permitirá, además, disponer de varios modelos diferentes en función de las necesidades que muestre el consumidor en cada momento. Es posible que de lunes a viernes necesites un vehículo pequeño y de bajo consumo para ir a la ciudad a trabajar y que los fines de semana, prefieras uno más grande para viajar con la familia. O quizá trabajas con vehículos de grandes dimensiones y cuando llega el fin de semana, lo que quieres es disfrutar conduciendo un deportivo.

Seguramente, el viernes, cuando aparques el coche en tu casa aparecerá el proveedor del servicio -al que veo más como un pure player digital- y te dejará el coche que necesitas para el fin de semana. El domingo volverá a hacer lo mismo. Y todo eso, contratando un servicio, a través de una suscripción, como puede ser ahora Amazon Prime.

Innovación que “regala” tiempo

Todas estas tecnologías disruptivas y los nuevos modelos de negocio que emergen a su amparo están muy orientados a optimizar la satisfacción de los consumidores. Pero, además, directa e indirectamente, introducen cambios que mejoran de forma sustancial, aspectos cotidianos de nuestro día a día en el consumo, en nuestra salud, en educación, en el ámbito laboral o en nuestro espacio de ocio.

El profesor Klaus Schwab es su libro “La Cuarta Revolución Industrial” dice que esta cambiará no solo lo que hacemos sino también lo que somos, que afectará a nuestra identidad, a nuestro sentido de la propiedad, al tiempo que dedicamos al trabajo y al ocio, y a la manera en la que desarrollamos nuestras carreras y adquirimos nuestras habilidades. También impactará en cómo conocemos a las personas y generamos nuevas relaciones.

Siendo esta una verdad irrefutable, me quedo con dos conceptos relevantes: el tiempo y las opciones. El tiempo es algo finito por lo que, a título personal, valoro muy positivamente que la innovación me proporcione más tiempo para dedicarlo a lo que yo quiera. Pero, además, quiero disponer de la opción de decidir entre cómo consumo ese producto teniendo en cuenta conceptos como el precio y el valor. Por ejemplo: quiero decidir si acudo físicamente a la tienda a comprar un producto (empleando buena parte de mi tiempo en este proceso), o tener la posibilidad de adquirirlo a través del mundo digital mientras hago otra cosa en paralelo, quizá por un precio superior pero aportándome un valor único que suponga por ejemplo disponer de ello prácticamente de inmediato porque quiero dedicar mi tiempo a otras cosas más urgentes o importantes en ese momento.

En definitiva, por mucho que hablemos de la integración de multi-dispositivos y de medios y soportes, o del IoT y los wearables, de Geolocalización y de Voice Commerce; por mucho que hablemos de Edge Computing, Big Data o Deep Profile; de la Analítica Avanzada, del filtrado de datos, de Smart Data, de Realidad Aumentada o de pantallas flexibles; de nanotecnología o de Robótica. Al final, todo se reduce a estas dos cuestiones básicas:

  • Optimizar el tiempo que es el recurso más valioso (y finito) que tiene el ser humano.
  • Disponer de opciones para decidir en qué y cómo empleamos ese tiempo en nuestra vida cotidiana.

Jacobo Guillen

Director Sector Industria y Servicios

Compartir