Piensa a lo grande y llegarás lejos

En mi último artículo de la Tribuna del CEO apuntaba las que, para mí, son las 10 cualidades top de un buen empresario. Durante las próximas semanas explicaré cómo creo que impactan cada una de ellas en la actitud y en la aptitud de liderazgo y en el éxito de un proyecto empresarial.

La primera regla para triunfar es pensar a lo grande. Y, cuando digo esto, me refiero en realidad a proyectar tu idea de negocio a largo plazo. Es evidente que habrá que empezar dando pequeños pasos, pero mirar hacia lo lejos ayuda a planificar y a diseñar tu organización en el futuro. Si quieres que sea una empresa especializada o más generalista; si piensas en una compañía internacional o, más bien, en una compañía local; si buscas formas de financiación convencionales o apostarás por fórmulas alternativas; qué modelos de gestión implementarás; cómo se estructurarán los equipos de trabajo, etc.

Todas las decisiones del día a día -luces cortas- tienen que estar alineadas con la visión del largo plazo -luces largas-. En el contexto de una empresa hay muchos ejemplos: el logotipo, sin ir más lejos, el propio nombre de la organización, la identidad corporativa con la que quieres que sea reconocida, ahora y en el futuro de tu compañía. Hay que buscar propuestas que funcionen bien en diferentes culturas e idiomas -recuerda que estás pensando a lo grande- una imagen que funcione ahora y que perdure en el tiempo, que se pueda escalar fácilmente.

Este ejemplo lo podemos extender al resto de las decisiones que tomamos en el día a día: en el entorno financiero, en el área de organización, en sistemas, en Recursos Humanos, …

Todo empieza con un sueño

Antes de empezar mi aventura como empresario, pensaba que para iniciar un proyecto lo primero de todo era tener una idea brillante. Después, con el paso de los años, me he ido dando cuenta de que las ideas brillantes -si llegan- desde luego, vienen después. Creo que cualquier iniciativa emprendedora comienza con un sueño; con la ilusión de hacer realidad eso que te ronda en la cabeza, aunque, a priori, no sea algo brillante. Puede ser una idea loca, un pensamiento disparatado o utópico.

Las historias de los grandes éxitos empresariales provienen de la ilusión y del empeño de quien luchó por hacerlas realidad. De hecho, la diferencia entre proyectos que fracasaron e iniciativas que hoy son referentes a nivel mundial, es que mientras que los impulsores de las primeras apostaron su éxito a la razón, los promotores de las segundas inyectaron a esa razón grandes dosis de pasión.

Soñar y pensar a lo grande, para mí es lo primero, pero no es suficiente. Desde luego, después habrá que definir los puntos clave del proyecto, establecer objetivos -recuerda, siempre, a lo grande- y programar las estrategias que mejor se adapten, en tiempo y forma, a las metas previstas.

La osadía no tiene nada que ver con la temeridad

Por otra parte, si te paras a pensar, uno siempre sueña a lo grande porque en los sueños todo es posible. Por eso, en nuestros sueños -no en las pesadillas, claro- somos capaces de cualquier cosa.

Un poco de esa osadía que practicamos en nuestros sueños es necesaria muchas veces en el mundo de los negocios. Pensar que, si otros lo han logrado, nosotros también podremos hacerlo. Esto es clave para llegar lejos. Siendo osado corres el riesgo de equivocarte, desde luego, pero también tienes la ventaja de ir un paso por delante de los demás. Y eso, ten claro que genera la confianza necesaria para ser sostenible y evolucionar en el tiempo.  Confianza que se transmitirá a los clientes, a los compañeros, a los proveedores, a los competidores, en definitiva, al ecosistema de stakeholders que conforman el entorno de cualquier negocio.

Ahora bien, ser valiente no implica ser temerario sino tener siempre en la mente la mejor versión posible de tu organización. Y trabajar por ella.  Always think big implica también ese punto de osadía necesario para asumir los riesgos con la mejor de tus sonrisas. Recuerda que estar al frente de un negocio es, en sí mismo, una actividad de riesgo.

Por otra parte, pensar a lo grande nos hará dudar. Replantearnos el modelo que escogimos, las decisiones que tomamos. Nos llevará a hacernos preguntas… ¿Somos capaces de crecer con los recursos que tenemos? ¿Será consistente nuestro portfolio? ¿Podremos competir con solvencia en un entorno maduro? ¿Cómo adquirir las capacidades y habilidades que nos demande el mercado? ¿Podrá mi empresa responder con agilidad a los continuos cambios, al ritmo vertiginoso, a la incertidumbre del entorno? Solo el hecho de cuestionarnos nos ayudará a tomar las medidas necesarias para mejorar cada día y hacer que nuestra organización sea más fuerte.

Cuando estés a punto de despertar, vuelve a soñar

Pensar a lo grande también implica tener un objetivo desafiante, retador, casi inalcanzable. Y, cuando estemos a punto de tocarlo, fijar nuevas metas, aún más altas. La excelencia solo se consigue si alimentamos el estímulo de superación, como hace un deportista que busca batir sus propias marcas.

En realidad, es más una cuestión de actitud. Las herramientas, la tecnología, los modelos de gestión son solo, eso, instrumentos que nos darán soporte en nuestra andadura. Pero la actitud será la que marque la diferencia. Será esa lluvia fina de todos los días que acabe impregnando todas las capas de la organización.

En todo caso, mi propia experiencia personal en VASS me habla de cómo deben ser las estructuras corporativas -la nuestra, prácticamente plana para agilizar la toma de decisiones- la filosofía en los negocios, la mentalidad positiva y la respuesta eficiente al cambio permanente.

Primero soñé con una consultora tecnológica que consiguiera ser referente en nuestro país y, luego, cuando la internacionalización de las empresas españolas se dirigía casi al 90% a Latinoamérica, ya caminábamos con ellas y entonces soñé con abrir mercados en el norte de Europa y estamos en ello. Soñé siempre con un equipo talentoso y motivado y con disponer de herramientas tecnológicas para prestarme el soporte que necesitaba. Soñé con que mi empresa fuera un lugar en el que la gente se sintiera a gusto trabajando y un referente para las organizaciones que necesitarán impulsar sus negocios. Soñé con un entorno en el que probar, experimentar, aprender, compartir, innovar, …

Hoy, casi 20 años después, dirijo orgulloso una empresa española de capital 100% privado, que es líder en soluciones digitales. Pero, sobre todo, dirijo un proyecto motivador, apasionante y repleto de nuevos retos cada día. Y, lo que es mejor aún, todavía sigo soñando. Ese, creo que es el verdadero éxito.

Francisco Javier Latasa

Chairman & CEO VASS

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