Socios, ¿para qué os quiero?

Quien tiene un amigo, tiene un tesoro. Esa es una verdad universal. El error, sin embargo, es tratar de extrapolar esa verdad a todos los ámbitos de la vida, y, más concretamente, al entorno profesional.

Poner en marcha una empresa no es sencillo. En muchas ocasiones, se tiene clara la idea y el plan de negocio, pero a la hora de ponerse en marcha, todo parece más fácil si contamos con otra persona con la que compartir ideas, gestiones y responsabilidades. Somos seres sociales y el miedo a fracasar nos paraliza y nos parece que un fracaso compartido es menos fracaso.

En esta sensación de vértigo, una gran parte de los emprendedores toman la peor decisión que se puede tomar en el mundo de los negocios, que es mezclar lo personal con lo profesional, arrastrando a algún amigo a un proyecto en el que no se comparten ni la visión, ni los objetivos, ni el compromiso de dedicación. El resultado es otra verdad universal: en poco tiempo, ni tendrá socio ni tendrá amigo.

La situación no cambia mucho cuando el elegido no es amigo, sino conocido, compañero de la facultad o del trabajo actual. En estos casos, la más que previsible ruptura será menos traumática desde el punto de vista personal, pero el daño para el negocio puede llegar a ser igual de grave.

Siempre hay opciones

Hay ocasiones en las que se busca un socio por razones estrictamente profesionales: demandas de financiación, de experiencia, de conocimiento del sector, de contactos…  Pero, aún, en estos casos, la incorporación de un socio es solo una de las opciones posibles y no siempre la más acertada.

Existen muchas empresas especializadas en conseguir financiación para proyectos empresariales con independencia del momento en el que se encuentre el proyecto en cuestión. Los inversores solo quieren ver buenas ideas con capacidad para hacer crecer su dinero. También existen expertos en distintas áreas y sectores que pueden actuar como consultores externos, orientando al emprendedor en cada fase del negocio y en cada reto que tenga que afrontar.

Tomar decisiones con agilidad, sin tener que consensuar con un complejo entramado accionarial puede ser una ventaja competitiva respecto al mercado. En alguna ocasión, empresas construidas sobre muy buenas ideas han tenido que cerrar porque la configuración de su accionariado hacía ingobernable la gestión diaria de la sociedad.

Recuerda que lo que busques en un proveedor -capacidad de respuesta, inmediatez, sencillez, transparencia, …- debe ser, a la vez, lo que ofrezcas a tus clientes y, por supuesto, también a tus empleados. Nos encontramos en un entorno en el que las decisiones -muchas veces- pueden tomarse sobre la marcha gracias a la tecnología y al conocimiento que aportan los datos que manejamos. No tendría sentido tener que esperar para consensuar con los socios algo que ves claramente y que sabes que podría poner a tu empresa por delante de tus competidores, generar una buena relación con los clientes o proyectar una imagen de marca positiva.

Antes del “sí quiero” …

A la hora de poner en marcha un negocio, las decisiones que se tomen deben responder siempre a una motivación profesional. La profesionalidad es la única unidad de medida y siempre debe serlo, con independencia del momento en el que se encuentre el proyecto. Ni en cinco, ni en diez, ni en quince años hay que bajar la guardia. Tener en mente las siguientes premisas puede ayudar a los emprendedores a no tomar una decisión equivocada si de verdad se están planteando buscar un socio:

  • Evaluar la necesidad. ¿Por qué es necesario buscar un socio? ¿Qué puede aportar al negocio? ¿Es posible sacar adelante el proyecto sin él o su participación resulta imprescindible?
  • No precipitarse. La elección de un socio es una de las decisiones más críticas en el proceso de creación de una empresa o en su evolución, por lo tanto, no puede tomarse a la ligera. Es importante conocer a fondo la trayectoria profesional de los candidatos y escuchar la experiencia de personas que han trabajado con ellos en el pasado. También se deben tomar con cuidado las recomendaciones de terceros. No deberíamos dejarnos deslumbrar por las maravillas que un conocido nos cuenta sobre el amigo de un amigo al que conoció en una fiesta, en un curso o en unas vacaciones.
  • Separar lo profesional de lo personal. Puede haber mucha gente con la que nos sentimos a gusto, pero eso no quiere decir que sean los socios ideales y la mejor opción para nuestra empresa. En todo caso, un socio debe tener una personalidad compatible con la del emprendedor. No es posible trabajar todos los días con una persona cuyas ideas o actitudes nos producen rechazo o simplemente no empastan con las nuestras.
  • Definir poderes y responsabilidades. Si tienes claro que no quieres emprender una aventura en solitario, cuanto más claros estén los términos, más sencilla será la relación y más ágil resultará la gestión de la empresa. ¿Sabrías cómo actuar si un día tu socio te propone la incorporación de un tercer socio a la empresa? Pues esto es solo un ejemplo de algo que hay que tener claro.
  • Acordar las cláusulas del ‘divorcio’. Puede resultar duro plantear esto con antelación, pero el proceso de disolución de la sociedad, si llegara a producirse, resultará mucho más llevadero.
  • Prepararse emocionalmente. Si el negocio va mal, la relación con los socios acabará mal. Si el negocio va bien, también puede acabar mal. Esto no debería influir en la evolución del negocio ni afectar al servicio que se ofrece a los clientes.

Poner en marcha una empresa es, como digo, un ejercicio de valentía. Sentirse solo, asustado y confundido entra dentro de lo normal, pero no tiene por qué ser así si sabemos buscar la orientación y el consejo de profesionales y de otros emprendedores que han experimentado las mismas sensaciones. Para ello existe alguna asociación sin ánimo de lucro, como Netmentora, donde empresarios consolidados mentorizan a emprendedores.

Como indicaba, incorporar un socio al proyecto puede ser algo muy bueno y necesario, depende de las circunstancias, pero siempre sin olvidar que no hay por qué poner nuestra idea, nuestras ilusiones y nuestro trabajo a merced del primero que pase.

Por lo tanto, para mí, lo más importante, en cualquier caso, es tener claro qué queremos hacer, qué categoría queremos liderar y, con ello, pensar si de verdad necesitamos algún compañero de viaje. Solo en el caso en que la respuesta sea afirmativa, te recomiendo aceptar su compañía. Eso sí, tomando todas las medidas de protección para el futuro que puedas. Si no, es mejor que sigas cultivando las amistades en el entorno personal porque en el ámbito profesional hay que limitarse a ser eso, PROFESIONAL.

Francisco Javier Latasa

Chairman & CEO VASS

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